A 100 AÑOS DEL NACIMIENTO DE RODOLFO DI SARLI: EL ALMA Y LA FIGURITA MÁS DIFÍCIL DE TITANES EN EL RING

Ya existe una fecha centenaria para hablar de Titanes en el Ring. ¡Qué loco! ¡Cómo pasa el tiempo! Rodolfo Di Sarli fue el cerebro por detrás de Martín Karadagian. Su relato era el 50% del espectáculo. Desde su voz no sólo transmitía la acción, sino que también oficiaba como coreografía de la troupe. Di Sarli nació en 1920, hace 100 años, y tuvo su merecido reconocimiento cuando fue la figurita más difícil de una generación. Cambiar el álbum por la pelota de cuero, y que la pelota se pinche a la semana, significó haber perdido uno de los bienes más preciados de nuestra niñez. Un objeto único, imposible de comprar: el álbum lleno.

Para los varones nacidos y criados en esa época fueron dos álbumes: el de Titanes y el del Mundial de Alemania ’74 de Mukombo, aquel inesperado jugador de Zaire. Lo pensás y se te viene encima la colección de muñequitos Jack. En plena época dorada de Titanes en el Ring arrancaron sacando 20 luchadores, pero el boom fue tal que tuvieron que agregar otra tanda con 18. Lo pensás y ahora te ves aplastando el celofán del chocolatín, sin romperlo, para buscar que la discreción del tacto ayude a que no te toque alguno repetido.

Paulina, la hija de Karadagian, ratifica que Di Sarli era mucho más que el relato. Sin que el público lo notara, y a falta de la cucaracha, “era una guía a lo largo de todo el programa”. Relataba mirando el monitor y cuando sentía que la lucha se ponía pesada, reclamaba acción. “Ellos tenían la obligación de escucharlo”.

Cuenta Paulina que su viejo le llevaba hasta cajas de figuritas y, sin embargo, ella nunca logró llenar el mítico álbum con la imagen de un hombre que, curiosamente, era “la mano derecha” de su padre. Quienes lo conocieron describen a Di Sarli como un señor gentil, capaz de irradiar respeto y calidez en partes iguales. Un lugarteniente que acompañaba al titán a reuniones sociales y que a veces hasta se ocupaba de cerrar alguno que otro contrato publicitario.

Rodolfo Di Sarli, ya en la época del color, con La Momia y el Ancho Rubén Peucelle, de Titanes en el Ring.

“Pero mi problema era con los muñequitos Jack”, confiesa Paulina. “Siempre me tocaba papá. Yo quería a los demás luchadores, pero salía él. Rarísimo. La madrugada en que se murió teníamos que hacer los trámites y le abrí el cajón de la mesita de luz. En vida, intocable ese mueble. Era su mesita de luz. Pero lo abrí y me encontré a los muñequitos de Jack con su imagen. A todos les faltaba la piernita derecha”. Lo detalla haciendo memoria en relación a la diabetes, enfermedad que en 1984 le amputó una pierna a Karadagian.

-¿Las había arrancado él mismo?

-Supongo que sí. Fue su manera de llevar adelante lo que sentía, pero nunca decía.

Una noche en el antiguo Canal 11, durante un programa, el padre del chico que ahora escribe estas líneas quiso manotear un papelito que, según el guión, la Momia debía entregarle a Rodolfo Di Sarli (“¡¿Estás loco?! ¡Te va a matar…!”).​ En ese manuscrito se delineaba el desafío que finalmente Di Sarli leería no sin antes hacer mención al osado gesto del plateísta.

Era un reto de la Momia al Campeón del Mundo Martín Karadagian. Di Sarli lo leyó con esa euforia tan característica que ahora nos hace pensar por qué el Gordo Muñoz y no él para relatar la final del Mundial 78.

De grandes intentamos el ejercicio de taparnos los oídos para saber qué pasaba sin su relato y hemos podido comprobar, con asombro, que el espectáculo perdía más de la mitad de su valor sin Di Sarli (¡y eso que lo hicimos con una lucha del Caballero Rojo!).

En los mejores años de 100% Lucha -el único sucedáneo que logró cierto poder de pertenencia- Diario Popular le preguntó al relator Eduardo Husni –ex VideoMatch- si se consideraba el Rodolfo Di Sarli del 2010. Husni se desmarcó por completo: “Necesitamos ser dos personas para reemplazar a Di Sarli: Osvaldo Príncipi y yo. Hacemos hasta lo imposible para llenar la artística del programa, pero Rodolfo era un fenómeno de verdad. Tuvimos que meter dos voces para poder reemplazar al genial Di Sarli, el alma de Titanes en el Ring”.

Juan Manuel “El Negro” Figueroa fue la Momia entre 1975 y 1983. Ahora tiene 70 años. “Sí, sí me acuerdo perfectamente del tipo del papelito”, dice sobre el desubicado padre de este cronista. “Quería manotearlo y yo se lo tenía que entregar a Di Sarli sin perder la gracia de los movimientos característicos del personaje. Yo fui la Momia gracias a Di Sarli. Esa es la verdad. El le dijo a Martín que me diera una oportunidad. Karadagian había tenido una disputa con Enrique Dos Santos, la Momia anterior, y cuando se fue de la troupe Di Sarli sugirió mi nombre: probá al pibe. En ese momento yo tenía 24 años. Era un bocho total Rodolfo. Tuvo las ideas de personajes como Don Quijote y Sancho Panza o el Cid Campeador. Los protagonistas históricos eran marca suya. ¡La labia de Di Sarli…! Sin dudas un fenómeno al que nunca se lo reconoció en su verdadera dimensión”.

El “cartonero vintage”, también conocido como José Cicala, prestigioso fotógrafo de moda y tendencias, tiene un especial apego a los objetos antiguos. Entre su memorabilia, Cicala es dueño de la máscara original del Caballero Rojo y el traje de Pepino el Payaso. También es un hombre herido en su amor propio: “A la figurita de Di Sarli no la tengo ni la tuve jamás”.

Se decía que el popular relator introducía “palabras poco conocidas”. Lo tildaban de “florido” y “amplio”. Llegó a pensarse que trabajaba con un diccionario en la mano. A la Momia la definía como “espectral”, “fantasmagórica”. Jorge Bocacci, el presentador de cada lucha –una suerte de Michael Buffer del catch- no dudó: “Titanes nunca hubiera llegado a lo que llegó sin la voz de Rodolfo”.

En los años felices de Titanes en el Ring, el diario La Razón no estaba acostumbrado a la elegancia de ese narrador: “Di Sarli se excede verbalmente y dice frases incomprensibles. El público suele agradecer sobriedad, aunque se trate de un espectáculo poco sobrio”. Tobías Giordano, director de Lucha del programa, se reía de lo que publicaban algunos medios. “Titanes se hizo por Di Sarli, que tenía una voz y una gran retentiva. Venía al gimnasio y se quedaba dos horas conmigo. Yo le explicaba cuáles eran las tomas y él practicaba sus palabras mientras los luchadores entrenaban”.

En una entrevista que se puede encontrar en YouTube, Di Sarli y su bigote se parecen a Guy Williams. Un día lo llamó Karadagian, que lo conocía de Canal 9, y él locutor se mostró “realmente sorprendido” por la propuesta.

Rodolfo Di Sarli y su estampa clásica de locutor de Titanes en el ring.

-¿Pero te animás a hacerlo? –quiso saber Martín.

-Como profesional tengo la obligación… –se plantó Di Sarli.

-Bueno, vení a mi gimnasio y practicás –le dijo en 1962.

Di Sarli fue al gimnasio de Callao y Arenales. El Indio Comanche era la figura de entonces. Todavía la Momia no existía. Tampoco el Ancho Rubén Peucelle.

“Vos mirá y hace locución”, sugirió Martín. El que andaba por ahí era el inefable William Boo, árbitro polémico al estilo Castrilli, “un tipo verdaderamente sensacional”, según el propio Di Sarli. “Boo se me acercó: no se preocupe, mañana yo le traigo un libro donde están las mejores tomas”. Le llevó dos libros: Catch as Catch Can y uno del semiólogo Roland Barthes sobre el mundo de la lucha libre. Volviendo en tren a su casa de Gonnet, Di Sarli se puso a hojearlo. “El libro hablaba de 100 tomas pero yo, con el tiempo, agregué veinte más. ¿Un ejemplo? El famoso cortito”.

“Catch as Catch Can”, uno de los libros que inspiró a Rodolfo Di Sarli.

Karadagian le pedía lo imposible: “Quería que en cada relato yo le diera autenticidad a algo que no lo tenía”. En el video, grabado en 1988, a Di Sarli se lo ve entusiasmado contando anécdotas. “El piquete de ojos por supuesto que era en la frente…”, aclara. ¿Extraña el programa?, le preguntan. “¿Si lo extraño? Me duele pensar que estoy vivo y no lo puedo hacer”.

Había nacido en Bahía Blanca un 26 de noviembre de 1920, pero vivía en Gonnet, localidad de La Plata. Le decían “Rolo”. Una calle del lugar ahora lleva su apellido. A los 20 años empezó a trabajar como locutor en el Teatro Argentino. Tuvo un puesto jerárquico en el Departamento de Bibliotecas Populares de La Plata y en 1950 ingresó en Radio Provincia. Luego pasó a Radio El Mundo y a Canal 9, donde conoce a Karadagian y su vida cambia para convertirse única y exclusivamente en el relator de Titanes en el Ring (tarea que desempeñó hasta 1988). En sus últimos años Di Sarli sufría de Parkinson. Falleció el 23 de junio de 2001, a los 80 años.

Daniel Roncoli escribió un libro genial: El Gran Martín, un volumen de casi 800 páginas. “Rodolfo Di Sarli cerró el acuerdo Titanes en el Ring con FelFort para los muñequitos del Chocolatín Jack. Ese día Karadagian no estaba y Felipe Fort le pidió hacerle la foto para el primer prototipo”. Luego el relator fue la figurita que fue. Merecida devolución de favores.

Di Sarli, con Martín Karadagian y el Polaco Roberto Goyeneche.

-¿Eran amigos Di Sarli y tu papá?

-No se visitaban –explica Paulina-, pero era un hombre de confianza. Acompañaba a papá a reuniones y ultimaba los detalles de ciertos eventos relacionados a Titanes. Evidentemente se llevaban bien, porque estuvieron juntos casi de principio a fin. Rolo, así le decían, fue como una especie de brazo derecho desde el punto de vista de estar en la oficina trabajando a la par de mi papá. No creó personajes, como comentan algunos, pero era un engranaje muy importante del programa. Mientras relataba, le daba indicaciones a los luchadores. Contaba lo que veía por el monitor de televisión. Ahí medía el timing de cada lucha. Le indicaba al personaje el momento de reponerse diciendo cosas como “¡Sígalo, sígalo!” o “¡vamos, reincorpórese!”. Automáticamente el luchador sabía qué hacer. Y si no lo hacía, se lo repetía al referí, que también debía estar atento al relato. Rodolfo hacía creíble la fantasía que papá inventaba.

Como cuando Don Martín peleó con el Hombre Invisible y Di Sarli contó los hechos con unos anteojos de soldador (“anteojos estroboscópicos”). Fue tanto el realismo que le aportó a esa lucha, que hasta hubieron ofertas para comprar esos lentes con los que sólo él podía ver lo imposible.

Cuando Martín Karadagian murió, Canal 9 contrató los servicios de Rodolfo Di Sarli para las peleas de la WWF (World Wrestling Federation), una empresa norteamericana que también se enfocaba en la lucha libre como espectáculo. El “cortito”, en inglés, era el “shortie”.


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