ASEGURA QUE VIO CÓMO SE LLEVABAN A SOFÍA HERRERA: “NUNCA LO VOY A OLVIDAR”

-Yo cuento lo que pasó. Lo que vi. Era muy chico. Pero nunca me voy a olvidar.

Néstor trabaja de peón de albañil. Pese a la pandemia, tiene algunas changas. Ya cumplió 18 años y es el testigo clave de la desaparición de Sofía Herrera (3) el 28 de diciembre de 2008 en un camping de Río Grande, en Tierra del Fuego. La desaparición de la niña conmovió al país. Y el país todavía sigue conmovido.

La Justicia resolvió en las últimas horas pedir la captura nacional e internacional de un ciudadano chileno. Néstor fue el último que vio a Sofía, junto a un perro y a un auto, cuando era llevada de la mano por el sujeto. Néstor tenía entonces seis años y su testimonio nunca fue tomado en cuenta. O decían que “no era sólido”. Pero las tres veces que en estos 12 años describió la cara de Dagoberto Díaz Aguilar lo hizo de igual manera. Lo hizo apenas ocurrió el hecho, a los 6 años. Después, a los 16. Y ahora que tiene 18. Siempre dijo lo mismo. Siempre describió lo mismo.

“Nunca voy a olvidarlo”, le dijo Néstor a Clarín. “Era muy chico, no conocía mucho a Sofía, la veía de vez en cuando. Ese día ‘Paloma’ (así le dicen a su hermana Noemí) me invitó a pasar con ellos el día en el camping y fui ”, agregó. Y dijo que “vi un auto, un perro y al hombre llevarse a Sofía de la mano”.

Hace pocos días se hizo un nuevo retrato hablado del joven. Y se comparó con una foto de Díaz Aguilar en un expediente que tiene en 2016 por una tentativa de homicidio en Río Grande. Está en el juzgado número 2 de esa ciudad fueguina. “El 15 de agosto comparamos la foto con el identikit realizado con la descripción del joven y hay una coincidencia del 75 por ciento. Un indicio importante para seguir adelante con la investigación y pedir la captura del ciudadano chileno ”, le dijo a Clarín Francisco Ibarra el abogado de la familia. Se usaron métodos para “envejecer” el dibujo y la foto.

Ibarra le contó a este diario una historia hasta ahora desconocida. “En 2015, el ciudadano chileno fue levantado por un policía en la ruta. En el viaje le contó que él sabía qué había pasado con Sofía Herrera. El policía (de apellido Vázquez) le preguntó qué era lo que sabía. “Un amigo mío la encontró llorando en una trampa para zorros. Le pegó y la mató”.

El amigo existía verdaderamente pero se comprobó que en 2008 no estaba en la provincia. El que sí estaba era Díaz Aguilar, que tiene unos 50 años y es considerado un nómade. Vive en distintos lugares tanto de Chile como en Argentina. Cruza la frontera con facilidad por lugares no registrados.

Sofía desapareció el 28 de setiembre de 2008 cuando salió con sus padres y amigos a pasar un domingo de esparcimiento en el camping John Goodall, ubicado 59 kilómetros al sur de Río Grande. María Elena, su marido Fabián Herrera y Sofía se detuvieron en un supermercado a comprar comida y luego en una estación de servicio donde se encontraron con Noemí Elizabeth “Paloma” Ramírez y Silvio Giménez, quienes a su vez estaban con sus hijos de 2 y 9 años. También iba el hermano de “Paloma”, Néstor, de 6 años.

El grupo llegó al camping situado en el kilómetro 2893 de la Ruta Nacional 3, en dos autos que estacionaron cerca del camino. El lugar, un paraje casi desértico, es un rectángulo de 15 hectáreas cercado con un alambre de un metro de altura y seis hilos, el primero de púas.

Sofía desapareció alrededor de las 11. Andaba por el camping y cuando sus padres comenzaron a llamarla, nunca contestó. Rápidamente, más de 300 personas del pueblo se enteraron de la desaparición y salieron a buscarla. “La gente con buena voluntad recorrió todo el camping, todos los rincones. Pero eso pudo borrar toda la evidencia. La policía llegó dos horas después y el lugar nunca fue acordonado”, agregó el abogado Ibarra.

Y expresó que “una vez dimos con el lugar donde paró por algún tiempo Díaz Aguilar y encontramos un sachet de leche que vencía en el año 2008. Demasiada casualidad”. Ahora, la causa tomó un nuevo impulso desde que en 2017 quedó en manos del juez Daniel Césari Hernández, quien solicitó la captura nacional e internacional a pocos días que se cumplan 12 años de la desaparición de Sofía.

“Yo trato de superar lo que pasó. Hay que seguir. Acordarme de aquello no me hace nada bien pese a que era muy chico. Siempre dije lo que vi ese día, lo que aún recuerdo. Lo que nunca voy a olvidar ”, agregó Néstor. Su hermana lo describió como “un nene que por aquel tiempo era muy detallista, se fijaba en todo. Muy inquieto. E inteligente. Hoy es un chico correcto. A sus 18 años sale a ganarse la vida como puede”.

La mujer dijo también que “siempre acompañamos a María Elena. Se dicen muchas cosas por las redes sociales. Pero estamos juntas en este dolor”. La semejanza de un 75 por ciento del retrato hablado de Néstor y la foto que está en el juzgado dan esperanzas de dar con el hombre que se llevó a Sofía en aquella primera semana de la primavera de 2008. Para el juez y el abogado Ibarra es un “indicio suficiente” para pedir la captura. Cuando se completen todos los trámites en el juzgado se dará a conocer el nuevo identikit y la foto del hombre buscado. “Puede ser el lunes o martes”, expresó Ibarra.

Dagoberto Díaz Águila, un hombre de 50 años considerado como un “nómade de campo” al que apodan “espantalavirgen” no tiene un lugar fijo donde parar. Nacido en 1969 en Chiloé, Chile, es de ocupación changarín, pero tiene antecedentes por abigeato y hurtos menores. Además, en 2016 subió a una antena de radio para amenazar con matarse si no obtenía “casa y trabajo”. Al poco tiempo fue detenido por un intento de homicidio. Se comprobó que estuvo en Río Grande en setiembre de 2008 y ya declaró como testigo. Hubo un imputado en la causa: el cuidador del camping Alberto Urrutia, un jubilado entrerriano que enseguida fue sobreseído.

Sofía Herrera va a cumplir 16 años el 30 de diciembre. Como dijo siempre su mamá María Elena Delgado “la vamos a estar esperando”. La mujer no baja los brazos y junto a su esposo y amigos la busca con cada pista, con cada dato que recibe. Lleva miles de kilómetros recorridos por el país. Y es seguro que llevará miles más si es necesario. Recorrió plazas y puertos. Caminó calles, cruzó fronteras. Golpeó todas las puertas que pudo. Desde la pieza intacta de Sofía, rodeada de sus muñecos y peluches no busca resignación sino esperanza. Con la misma firmeza y entereza de siempre le dijo a Clarín: “Nunca voy a dejar de buscar a mi hija. Nunca”.

FUENTE: CLARIN


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