CHINA PATENTA UNA VACUNA CONTRA LA COVID-19 EN FASE DE PRUEBAS

No se puede confirmar aún que sea eficaz y segura. Hay que esperar nuevos resultados
Si la semana pasada Rusia anunciaba la autorización de su candidata a vacuna contra el nuevo coronavirus, ahora ha llegado el turno de China, cuya Oficina Estatal de Propiedad Intelectual (SIPO, por sus siglas en inglés) acaba de aprobar la patente de la aspirante china, que fue la primera en iniciar ensayos clínicos en humanos en todo el mundo. Los expertos explican que este paso no supone que sea el inyectable elegido para acabar con la pandemia. «En absoluto», señala Mariano Esteban, jefe del Grupo de Poxvirus y vacunas del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC. En estos momentos, la apuesta de la compañía biofarmacéutica CanSino Biologics se encuentra en la última fase de ensayos clínicos y «habrá que esperar a ver los resultados y comprobar si efectivamente es eficaz y segura». Que se haya patentado «no significa que vaya a llegar a buen puerto», remarca Esteban, líder de uno de los grupos que en España trabajan en el desarrollo de una vacuna contra la Covid-19.

Según la patente de la SIPO, la vacuna ha mostrado una «buena respuesta inmunológica en ratones y roedores, y puede inducir al cuerpo a producir una fuerte respuesta inmune celular y humoral en poco tiempo», recoge el periódico cantonés Southern Metropolis. Cierto es que a finales de julio, la revista The Lancet se hizo eco de las conclusiones extraídas de la fase anterior de investigación, en la que se demostraba que esta inmunización es segura e induce respuesta inmune contra el coronavirus.

Una promesa que podría «ser producida en masa en un breve periodo de tiempo», que «es rápida y fácil de preparar», tal y como señalaba la prensa local. Sin embargo, antes de lanzar campanas al vuelo, conviene recordar que los propios autores del inyectable chino advierten que ningún participante en las pruebas de fase dos estuvo expuesto al virus después de la vacunación, por lo que no es posible aún determinar si el candidato a vacuna protege eficazmente contra el SARS-CoV-2.

En este sentido, también cabe subrayar un inconveniente de esta vacuna. «Han utilizado como vector el adenovirus tipo 5, que en la población humana circula mucho y causa resfriados. Es decir, hay una buena parte de las personas estudiadas -casi la mitad- que ya tenían ya anticuerpos frente y en estos casos, la eficacia de la vacuna está comprometida porque ya hay una respuesta frente al vector», argumenta Isabel Sola, directora del Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC y también líder de otro de los grupos que, desde España, buscan una vacuna contra la Covid-19. «Por esta razón, otras compañías han optado por el adenovirus tipo 26, que tiene menos prevalencia, o por un adenovirus de chimpancé, porque hay muy poca inmunidad entre humanos». No es suficiente «con que el arma dispare, habrá que analizar el alcance y comprobar si puede derribar al virus», apunta Sola, y esto aún no se sabe de ninguno de los inyectables más avanzados en estudio.

La patente china forma parte del procedimiento normal del desarrollo de una vacuna. Se trata de un «proceso paralelo independiente a la parte más científica y sanitaria de evaluar la seguridad y eficacia e independiente también de que la agencia del medicamento correspondiente apruebe la comercialización», expone la investigadora española. La concesión de la patente demuestra la «originalidad y creatividad» de la vacuna, por lo que «antes de publicar los resultados que demuestran eficacia y seguridad, ya tiene que estar patentado». De hecho, «nosotros presentamos la patente hace unos meses» y el equipo de Mariano Esteban hizo lo mismo en su momento.

FUENTE: ELMUNDO


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