CORONAVIRUS: ¿CÓMO FUE EL VERANO SIN VACUNA EN EUROPA?

Se esperaba que este verano boreal enEuropa mostrara que el coronavirus​ se comportara como los otros virus respiratorios y aflojara totalmente su capacidad de contagio y agresividad. No fue así.

Los contagios están subiendo nuevamente hasta en Italia, que tras ser el país más castigado por la pandemia en marzo, abril y parte de mayo, se convirtió en el más virtuoso, con una caída decidida de la curva epidémica.

En las dos últimas semanas hubo muchas polémicas entre los científicos y ganaron los que afirman que no hay nada que hacer: el virus sigue allí. Y no hay vacuna.

En estos días de agosto las cosas empeoraron como en el resto de Europa. Este viernes se llegó a la peor cifra del verano: 552 contagiados. Atrás quedó el optimismo de hace dos semanas cuando se bajó de los 200 casos diarios.

Es el número de muertos el que muestra los efectos del mejoramiento. Este viernes hubo solo tres decesos en toda Italia. Son los que se infectaron hace un mes y su escasez demuestra que mucho se ha avanzado en el país en la lucha contra el enemigo invisible, inhumano.

El aumento de los infectados en pleno verano demuestra que los calores no extinguen al virus. Y todos saben que esto significa que hay que prepararse para lo que ocurrirá con los fríos del otoño-invierno que comenzarán en setiembre, que le darán nuevo vigor.

Hasta el Ejército italiano ha sido movilizado para afrontar el empeoramiento que se espera. La movilización hasta ahora muestra ser eficaz. Los 230 brotes en el territorio italiano han sido rápidamente atacados y aislados: la situación está bajo control.

Pero aquí y allá aparecen focos de hasta más de un centenar de infectados, que requieren muchos esfuerzos, sobre todo para trazar los movimientos del virus y sus portadores. En especial los asintomáticos, que no sienten los síntomas que contagian.
Un verano con enfermos más jóvenes

Una novedad del verano, y no solo en Italia, es el rejuvenecimiento de las listas de infectados. De un promedio de 61 años en los peores momentos de la pandemia, actualmente el nivel de infectados registra 40 años de edad media. Los más ancianos saben que el contagio puede significar una condena a muerte y no salen de sus casas, se ponen rigurosamente el barbijo, mantienen las distancias de seguridad y se lavan las manos diez veces por día. Se contagian poco.

Los jóvenes desafían al virus, creen que si los agarra saldrán airosos y van en masa a las movidas, especialmente en Italia y España, amontonándose sobre todo los fines de semana.

Organizan fiestas clandestinas, encuentros con baile en las playas aprovechando el verano. Un estudio cuyos resultados “Clarín” publicó el jueves demostró que en Italia los contagiados son en realidad un millón y medio sobre 60 millones de habitantes.
Sin turistas ni vuelos

Los movimientos turísticos se han nacionalizado porque la llegada de los extranjeros se mide con cuentagotas. Los vuelos son escasos, los temores abundan. Para Italia, que recibía más de 80 mil millones de euros por año del turismo internacional, el verano ha consolidado la realidad de un desastre económico sin consuelo.

El verano recuerda que el 14 de setiembre llega la prueba de fuego de la reapertura de las escuelas de todos los niveles y de las universidades.

En Italia ya es el tema dominante porque entre los estudiantes, los maestros y profesores, el personal y las familias, entre doce y catorce millones de personas se moverán por día. ¿Funcionarán las escuelas acondicionadas a la seguridad? Focos de contagio en esta realidad que sienten tanto los italianos producirían un shock nacional.

Con agosto termina el verano que debía ser más benévolo con los castigados italianos y el resto de los europeos, que comprueban como el coronavirus es un enemigo terrible.

Hay cada día más ansiedad esperando las vacunas que llegarán el año próximo. Y una nueva esperanza: también en Italia se está avanzando rápidamente para la cura eficaz que prometen los anticuerpos monoclonales, super potentes, los fármacos que atacarían a fondo al virus esterilizándolo hasta que lleguen las benditas vacunas.


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