Criatura VENENOSA, SIN PATAS, no es NI GUSANO, NI SERPIENTE

No es una serpiente, pero cuidate de su mordedura venenosa
Las caecilianas se cuentan entre los primeros vertebrados sobre la Tierra que pudieron producir una mordedura con veneno.

Si un gusano y una serpiente tuvieran un hijo, podría ser algo así como una caeciliana: una criatura sin patas que en realidad no es ni gusano ni serpiente, sino un anfibio que vive en el suelo y que se encuentra en los trópicos de todo el mundo.

Contentos de pasar la mayor parte de su tiempo bajo el suelo del bosque, los ceacilianos son esquivos y poco entendidos. Por eso Carlos Jared, biólogo del Instituto Butantan en São Paulo, Brasil, ha pasado buena parte de las últimas tres décadas siguiendo su rastro.

Embolsar un espécimen de caecilia, dijo, a menudo lleva horas de laboriosa excavación, cuidadosamente ejecutada para que una pala mal dirigida no parta a la criatura en dos. Una vez que un espécimen es visto, “tienes que saltar sobre él”, dijo Jared, y luego luchar con el retorcido anfibio –que, dependiendo de la especie, puede variar en longitud de algunos centímetros hasta 1,60 metros– en un saco.

Muchos ceacilianos se han escapado de las garras de Jared a último momento, auxiliadas por una sustancia gelatinosa que rezuma de su piel.

Pero Jared dijo que la fascinante y a veces desconcertante biología de los animales hace que la incesante persecución valga la pena. El último descubrimiento de su equipo, publicado el viernes en iScience, muestra que las bocas de las caecilias podrían estar recubiertas por dientes con punta de veneno, no muy diferentes a los que se encuentran en algunas serpientes.

El descubrimiento marcaría la primera vez que se han encontrado glándulas de veneno en la boca de un anfibio –un tipo de animal cuya historia evolutiva precede a la aparición de serpientes por más de 100 millones de años. Eso podría convertir a las caecilianas poco conocidas en uno de los mordedores venenosos más antiguos de la Tierra.

Como sucede con la mayoría de otros anfibios, por mucho tiempo se pensó que las caecilias sólo producen venenos, que, a diferencia de otros tipos, no se inyectan activamente en otras criaturas. Así que Pedro Luiz Mailho-Fontana, un académico postdoctoral que trabaja con Jared, quedó desconcertado cuando descubrió en el laboratorio una serie de conductos llenos de líquido que cubrían los dientes de un ejemplar anillado de caeciliano. “Acá hay algo muy diferente”, recordó haber pensado.

Después de buscar en las bocas de las caecilias recién nacidas, Mailho-Fontana determinó que las glándulas dentarias crecen del mismo tejido que da origen a los dientes.

El tejido dental también es el punto de origen de las glándulas de veneno en las serpientes, lo que podría ayudar a explicar el propósito de los nuevos conductos, dijo Jared. Sin piernas o brazos para enfrentarse a los depredadores o presas, los animales como las serpientes y las caecilias deben depender en gran medida de sus cabezas.

Los caecilianos, como algunas serpientes, están equipados con dientes impresionantes, y pueden llegar a ser bastante “mordedores”, dijo Emma Sherratt, una bióloga evolutiva de la Universidad de Adelaida que no participó en el estudio.

Si las caecilianas también tienen una mordedura venenosa, pueden haber tropezado independientemente con una estrategia que ha funcionado bien para muchas serpientes. Eso sería “realmente interesante y notable”, dijo Shab Mohammadi, un biólogo evolutivo de la Universidad de Nebraska-Lincoln que no participó del estudio. Tal vez la falta de extremidades es un impulso importante para la evolución de las toxinas transmitidas por los dientes.

Pero Mohammadi también señaló que aún no está claro cuán nocivo es el contenido de las glándulas o cuán tóxico es para los insectos y gusanos que los caecilianos se alimentan. Jared y su equipo aún no han hecho un análisis químico en profundidad de la gota glandular de la caecilia, aunque las primeras pruebas muestran que está llena de una proteína que también está presente en los venenos de insectos y serpientes.

La boca de los caecilianos parece estar llena de baba a la hora de comer, pero las secreciones han demostrado ser obstinadamente viscosas y difíciles de extraer, dijo Mailho-Fontana.

Los investigadores tampoco están seguros de cuán comunes sean las glándulas del veneno entre las especies de caecilianos, que actualmente son más de 200 (y es probable que se desconozcan muchas más). Si los conductos se encuentran en linajes antiguos, podría indicar que las caecilias estuvieron entre los primeros vertebrados terrestres en enlazar sus mordeduras con veneno.

El equipo de Jared está planeando atrapar unos cuantos especímenes más, pero incluso una vez que logren atraparlos, no será fácil.

Hace unos años, durante una visita al laboratorio de un colaborador en Londres, Marta Maria Antoniazzi, co-autora del estudio también del Instituto Butantan, recogió una pequeña caecilia que rápidamente hundió sus dientes en su mano.

“Me dolió mucho”, dijo.

Y la herida tardó un tiempo sorprendentemente largo en cerrarse. Ahora, Antoniazzi se pregunta si fue una víctima involuntaria del veneno.

“En ese momento, no podíamos ni siquiera imaginarlo”, dijo.


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