EL MILAGRO DEL AVIÓN QUE “FLOTÓ” EN EL CANAL DE BEAGLE: “PASARON 32 AÑOS Y AÚN RECUERDO ESE TREMENDO RUIDO AL CAER DE PANZA”

“¿Viste Rocky?”, le preguntó la médica a Oscar Ciruzzi que trataba de enfocar la mirada con el único ojo que tenía sano. “Sí”, contestó él sin entender la referencia a ese hitazo cinematográfico protagonizado por Sylvester Stallone en el papel del boxeador Rocky Balboa.

Poco después la pregunta tuvo sentido: la médica tomó un bisturí y le hizo un fino corte a su párpado para drenar la sangre del enorme hematoma que había desfigurado su rostro. La fisura en una de sus costillas parecía lo de menos.

Oscar- por entonces de 34 años y flamante fiscal federal de Capital- había llegado al hospital de Ushuaia empapado y aún perplejo por haber sobrevivido a lo que pudo ser una tragedia de proporciones. El vuelo AR648 en el que viajaba junto a otras 61 personas, entre ellas una comitiva judicial, había rebotado en la pista de aterrizaje y terminado en las heladas aguas del Beagle.

El accidente ocurrió pocos minutos antes del mediodía del lunes 26 de septiembre de 1988, hace exactamente 32 años. El avión había partido de Buenos Aires por la mañana temprano y luego de hacer dos escalas -en Bahia Blanca y Río Grande- terminaba su recorrido en Ushuaia. Pero demasiada velocidad y vientos cruzados hicieron que todo saliera mal, muy mal.

La imagen del Boeing 737 estacionado en el agua a 50 metros de la costa todavía sorprende en las fotos de la época. Ningún fueguino ha podido borrarla de sus recuerdos y menos aun los que estuvieron en el avión, como Ciruzzi. O como Sandra Mayor, quien ese mismo año acababa de fundar Prensa Libre (por entonces semanario, actualmente diario) y le tocó cubrir la noticia.

“Después del accidente el gobernador le dijo a la revista Gente que tuvimos suerte de que la marea estuviera baja porque eso nos permitió hacer “patito”. Con marea alta el avión hubiera dado vuelta campana y habríamos muerto todos ahogados”, recuerda Ciruzzi (66) actual fiscal del Tribunal Oral en lo Criminal Nro 7.

Esa misma mañana, mientras a Ciruzzi le hacían la “Gran Rocky” en el hospital, Sandra Mayor recibió en su casa la llamada de un vecino que la alertó sobre el accidente. Sandra le puso rollo a su cámara (recordar que no existían ni celulares ni cámaras digitales) y partió en su Fiat 147 rumbo al aeropuerto, que no es el que existe hoy sino uno mucho más rudimentario que funcionaba en la base aeronaval.

“Cuando llegamos ya los pasajeros habían sido rescatados. Había algunos heridos pero ningún muerto. Lo raro fue que, aunque el avión aún estaba en el agua, una cuadrilla lo estaba pintando de blanco. Entonces nos explicaron que las reglamentaciones internacionales así lo indicaban: ver un avión con su identificación visible genera una reacción negativa en quienes tiene que abordar otro vuelo de la misma aerolínea”, cuenta Sandra.

El accidente fue lo que impulsó la creación del Aeropuerto Internacional Islas Malvinas. “Igual tuvieron que pasar 7 años hasta que ocurriera. Hubo que hacer un gran trabajo de movimiento de tierra”, acota Sandra que el día del accidente habló con víctimas, testigos, autoridades y sacó fotos que llenaron la doble central de Prensa Libre.
Vivir para contarlo

Había viento. Tanto viento que en Río Grande costó abrir la puerta del avión para que bajara parte de los pasajeros. La comitiva judicial integrada por el juez federal Nro 2 Miguel del Castillo, el secretario Alberto Huarte Petit y los fiscales Oscar Ciruzzi y Cecilia Pombo- más dos peritos contables- siguió camino a Ushuaia.

Allí debían investigar una maniobra con el reintegro del IVA, una estafa millonaria basada en el incentivo a la producción de lenga (árbol llamado Roble de Tierra del Fuego). En los números había tanta lenga en la zona que no alcanzaba todo el territorio fueguino para que creciera.

“En esa época en los aviones había un sector de fumadores y otro de no fumadores. Como yo no fumaba me senté adelante, en la primer fila pegado a una mampara que daba paso a la cabina de los pilotos. En un momento, el avión hizo una especie de vacío, entonces Cecilia Pombo se vino adelante conmigo”, recapitula Ciruzzi antes de entrar en la parte aterradora de la historia.

2018. Oscar Ciruzzi en el Bernabéu, España. Ese viaje le reavivó el temor de volar. “Otra vez noooo”, pensó en medio de grandes turbulencias

“Yo ya había estado en Ushuaia antes y me llamó la atención que el avión bajó muy rápido en la pista. Yo no veía que había manera de pararlo y como un acto reflejo puse la planta de los pies sobre la mampara y la cabeza entre los brazos. Se escuchó un ruido tremendo que no lo vamos a olvidar nunca: fue cuando el avión desde una altura de unos 50 metros trató de retomar el vuelo y cayó de panza en la pista”, detalla el fiscal a Clarín.

Ciruzzi, que con la turbulencia se había ajustado el cinturón a más no poder, salió disparado con asiento y todo. Algo le pegó en el pómulo y perdió el conocimiento durante unos minutos. Cuando abrió los ojos, todo era caos: olor a combustible, agua helada, Cecilia Pombo desmayada frente a la puerta del avión que estaba abierta, una azafate tirada a su lado.

“En las películas cuando pasa esto sale una manga de plástico de la puerta del avión. Aca no salió nada. Lo único que salió fue la puerta. Estaba abierta y el agua que comenzaba a entrar. Realmente mi miedo era que explotara. Pasé sobre Cecilia, sobre la azafata y salí con el agua en los hombros. No sentí el frío porque era más el miedo, tengo que admitirlo”, detalla Ciruzzi.

Luego del paso por el hospital, donde lo emparcharon, Oscar Ciruzzi y la comitiva judicial (menos Pombo que quedó internada con fractura de tibia y peroné y un fuerte golpe en la cabeza) terminaron en el juzgado federal de Ushuaia donde les dieron una mano para comunicarse con sus familias y recomponerse un poco.

La Procuración general de la Nación sacó un comunicado oficial que fue publicado por Clarín en su edición del martes 27 de septiembre. La noticia del accidente fue a tapa aunque el mayor espacio se lo llevó el doping positivo de la estrella del atletismo Ben Johnson, descalificado en plena Olimpíada.

“Esa misma tarde nos dieron un cheque por la ropa que había quedado en el avión, bajo el agua. Como estábamos en zona franca, debajo del paralelo 42, me compré toda ropa francesa”, recuerda con humor Ciruzzi que agradece haber regresado en grupo a Buenos Aires porque eso le evitó generar una fobia los aviones.

“Lo bueno es que como a nadie se le cae el avión dos veces yo soy una persona perfecta para acompañar a cualquiera en un vuelo”, vuelve a bromear Oscar. Sin embargo en 2018, a 30 años del accidente en Ushuaia, el axioma estuvo apunto de fallar.

Fanático de Boca, viajó a España a ver la final de la copa Libertadores que su equipo disputó con River el 9 de diciembre de ese año. El vuelo de vuelta a la Argentina fue amargo por el resultado y también por la constante turbulencia. Ciruzzi: “Fue tremendo. Pensé: nooooo, otra vez noooooooo”.

FUENTE: CLARIN


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