LA FÓRMULA PERÓN-PERÓN Y LOS 28 DRAMÁTICOS MINUTOS QUE CAMBIARON LA HISTORIA ARGENTINA PARA SIEMPRE

Duró menos de media hora. Y cambió al país para siempre. Hace 47 años, el 4 de agosto de 1973, el Congreso Nacional del Partido Justicialista, reunido en el Teatro Cervantes, proclamó por aclamación la fórmula presidencial Juan Perón-Isabel Perón. Fue un baldazo de agua helada. La tercera esposa del general era casi una advenediza en política, podía proclamar, y de hecho lo hizo, que era “la mejor alumna del General”, como si la conducción política se aprendiera en los pupitres, pero en verdad era una personalidad inestable, una mujer de escasa cultura política, con alguna dificultad para expresar sus ideas de forma clara y convincente y a la que se consideraba bajo los influjos del “Brujo” José López Rega, un amanuense de Perón, con lo que Perón decía odiar a los amanuenses, que se había convertido en un poderoso ministro de Bienestar Social.

Lo que sucedió en aquel Congreso fue una batalla más en la guerra entre fracciones que libraba el peronismo, y en un país sacudido por la violencia guerrillera peronista y marxista. En aquel 1973 tan vertiginoso, el país cambiaba por horas. En mayo, había asumido el gobierno de Héctor J. Cámpora, delegado de Perón e impuesto a dedo por el General. Cámpora estaba alineado con la Juventud Peronista y con Montoneros, el brazo guerrillero de aquel sector del peronismo que, en secreto todavía, estaba decidido a disputarle el poder a Perón o a heredar su legado.

En 49 días, Cámpora había sido barrido del poder por un Perón enfurecido por el giro de su gobierno. El General había regresado al país el 20 de junio, cuando Ezeiza fue escenario de otra batalla campal, Cámpora había renunciado el 13 de julio, en agosto era presidente provisional Raúl Lastiri, yerno de López Rega, y se preparaban nuevas elecciones para el domingo 23 de setiembre.

En ese escenario convulso, tal vez como una expresión de deseos y nada más, había circulado la posibilidad de una fórmula histórica: Perón-Balbín, el viejo líder radical y eterno adversario de Perón. Ambos se habían visto primero en la residencia de Perón de Vicente López, en el 1065 de la calle Gaspar Campos. Y luego, en una entrevista casi secreta, el 24 de junio en el Congreso Nacional. Pero dos días después, el martes 26, Perón sufrió una grave crisis cardíaca. Y el jueves 28 padeció una grave “pleuropericarditis aguda” según el diagnóstico de su médico personal, Pedro Cossio.

Si en verdad existió la posibilidad de aquella fórmula electoral histórica, en agosto estaba abolida. Así lo testimonia uno de los protagonistas de aquella jornada, Julio Bárbaro, por entonces un joven diputado peronista de 31 años:

-Nosotros impulsábamos la fórmula Perón-Balbín. ¿Quiénes éramos nosotros? La mayoría de la gente, los demócratas: Ítalo Luder, Angel Robledo, Ferdinando Pedrini, los que no éramos ni de izquierda ni de derecha, y que ocupábamos más o menos la lógica mayoritaria del peronismo. Yo, a la entrada del Congreso, le digo a Lorenzo Miguel: “Votemos a Balbín”. Y él me dice: “No, porque si el Viejo se muere, nos quedamos sin nada. Lorenzo juega fuerte a esa estupidez de proclamar a Isabel.

Lorenzo Miguel era entonces un poderoso dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica que encabezaba el entonces secretario general de la CGT, José Rucci, que sería asesinado en septiembre de ese mismo año por Montoneros.

¿Qué pasó en esos 28 dramáticos minutos en el Cervantes? El apoderado del PJ, Torcuato Fino, proclamó la candidatura de Perón. Y lo siguió Norma Kennedy, una histórica dirigente peronista que había coqueteado con el comunismo y se había volcado al nacionalismo de derecha más cerril. La fórmula se impuso por aclamación. Bárbaro recuerda:

-Eran momentos muy tensos, de un silencio impresionante en el teatro. Había una especie de confabulación, porque el distanciamiento de Montoneros del peronismo, había dejado lugar a la derecha. Ellos se distanciaron porque no querían participar de la democracia. La banda de la derecha, encabezada por Norma Kennedy, estaba con algunos sindicalistas. Eran cinco que gritaban y los demás mirábamos al suelo. Norma empieza a gritar “¡Isabel! ¡Isabel” y el que habla es Torcuato Fino, tan bruto, tan bruto que para elogiar a Perón dice que es un “homo sapiens”.

Las palabras de Fino aquel día fueron: “¿Cómo podemos someter a votación a un hombre cuya estampa está esculpida en la lontananza de la República? (…) Un hombre que es un homo sapiens que no ha de abandonar el jardín de la vida sin haber dado el último rosal”.

Otro testigo de privilegio de aquel día es José “Pepe” Pirraglia, por entonces joven dirigente gremial de los textiles, fundador de la Juventud Sindical Peronista, enfrentada desde la derecha a la JP. No tiene, como Bárbaro, la visión de una confabulación cuasi espontánea, sino de un plan preparado con antelación.

-¿Usted supone que eso se armó de la noche a la mañana porque a alguno se le ocurrió todo ese entramado? Una candidatura de ese tipo no se da sin un montón de actores que la acompañan. La pelea era: si Perón se llega a morir, cómo va a quedar esto manejándolo Balbín, todo ese tipo de cosas que se especulaban en ese momento.

Si la candidatura de Isabel Perón (su nombre real es María Estela Martínez, e Isabel figuró siempre como una especie de nom de guerre), fue un balde de agua helada, lo que sucedió en las horas siguientes a la proclamación de la fórmula fue más hielo y decepción. Bárbaro recuerda que se nombró a una comisión encargada de ir a comunicarle a Perón la decisión que había tomado el Congreso.

El adiós. El “Tío” Héctor Campora se retira de la residencia de Gaspar Campos, en julio de 1973. Atrás, Isabelita y Perón. Un mes más tarde, sería proclamada la fórmula del peronismo.

-Perón estaba en Gaspar Campos. En esa comisión va Pedrini, va Rocamora y va Pirraglia. Y cuando le dicen lo de la fórmula se enoja tanto que se niega a ir al Cervantes. Se para y les dice: “Señores, al nepotismo se lo combate hasta en el África.” Pirraglia niega haber integrado comisión alguna aquel día. Fija el recuerdo de la frase de Perón sobre el nepotismo en una charla que el General dio en el Consejo Superior, del que Pirraglia era miembro.

Las crónicas de la época dicen que, más que una comisión, hubo un éxodo general desde el Teatro Cervantes hacia la residencia de Perón en Vicente López. Ese 4 de agosto, Perón llegó a Gaspar Campos a las 18.05. Los periodistas le preguntaron entonces qué le parecía la fórmula y el General intuyó con acierto:

-Pobre de ella…

Dijo algo más cuando volvieron a preguntarle sobre su candidatura y la de su mujer. Si lo que contestó era verdad, echa una pista sobre los hechos de aquel día:

-¿Qué les puedo decir yo, si estas noticias me las acaban de dar ustedes?

Aún con su salud deteriorada, Perón iba por la presidencia: así se lo había confesado al jefe del Ejército, general Raúl Carcagno. ¿Era una sorpresa para él la designación de Isabel?

Diez minutos después de Perón llegaron en caravana y en diez autos, José Rucci, Silvana Roth, Lorenzo Miguel, Julio Romero, presidente de la asamblea del PJ, Alejandro Díaz Bialet, Humberto Martiarena y Juana Larrauri, entre otros.

-Perón los sacó con cajas destempladas. Y su frase sobre el nepotismo me quedó porque la repetían todos como un loro cuando volvieron de Vicente López. Pedrini vuelve, nos reúne y nos dice: “¡Qué quilombo! ¡El general se niega!

Perón disfrazó su rechazo con el ropaje de una necesidad de la que hizo virtud: pidió unos días para pensarlo e invocó de modo elíptico su salud. Y no fue al Cervantes. En cambio sí fue Isabel, acompañada por López Rega. Su llegada, sin Perón, desató un enorme estupor entre los congresales.

Isabel informó al Congreso que el General pedía varios días para concretar su respuesta, y aceptó de inmediato su candidatura a vicepresidente. En el Cervantes gritaron entonces “¡Queremos a Perón!”. Isabel dijo que su único mérito era “amar a Perón y al pueblo argentino” y se consideró “una discípula del General.” “Nadie festejó esa dupla lanzada por Norma Kennedy y Torcuato Fino –recuerda hoy Bárbaro– Pese a su frase sobre el nepotismo, Perón se morfó a Isabel porque el abandono de los “montos” de mi generación lo deja a Perón en manos de la derecha. No hay otra explicación. Perón vuelve convencido de que le da el poder a la izquierda y que la izquierda, los jóvenes, lo van a acompañar. Y los jóvenes se enamoran de Fidel Castro.

Finalmente, Perón aceptó su candidatura y la de Isabel el 18 de agosto, también en el Cervantes. Leyó un parte médico firmado por los doctores Pedro Cossio y Jorge Taiana que lo hallaron “restablecido de la afección comprobada el 16 de junio” y que recomendaban ajustar su actividad futura “a la situación física vinculada a la edad y a la afección padecida”.

La fórmula Juan Perón-Isabel Martínez fue electa el 23 de setiembre de ese año por el 61,85 por ciento de los votos.
Un afiche en el Cervantes

Uno de los recuerdos que nunca pude borrar –evoca hoy Julio Bárbaro sobre el Congreso del PJ que eligió a Isabel Martínez como candidata a la vicepresidencia– es muy irónico. Me acuerdo que los carteles del Cervantes anunciaban el estreno de “La Dama Boba”, de Lope de Vega. Fue un día de mucha amargura, de tensión, de derrota para los que nos creíamos los cuerdos. Fue un día sin euforia, sin mística, con un sabor muy amargo, a final de un sueño”.
Qué pasó después

Perón e Isabel Perón fueron electos el 23 de setiembre de 1973. Dos días después, Montoneros asesinó a José Rucci, secretario general de la CGT y pieza clave en la estrategia de gobierno de Perón. El día de la asunción de Perón es fijado por los grupos guerrilleros Montoneros y FAR como como el del inicio de su accionar en conjunto. En noviembre, Perón habla en la CGT y traza una parábola entre los peligros que acechan al Movimiento Peronista y “el germen patológico que invade el organismo fisiológico que genera sus propios anticuerpos que actúan en su autodefensa”.

El 13 de noviembre, un atentado al senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, marca la aparición de la Triple A. Se intensifica el enfrentamiento entre la JP y el sector sindical. El 22 de noviembre Perón sufre un edema agudo de pulmón y dice a su médico, Pedro Cossio: “Esta vez no estaba lista la guadaña. Pero la ví cerca”.

El semanario de la JP “El Descamisado” titula “Compañeros, ¡qué cagaso!” (sic). En enero de 1974 el ERP ataca la guarnición militar de Azul y Olavarría, asesina a su jefe y a su mujer y secuestra al segundo jefe. El 1 de mayo, y en un acto público, Perón califica de estúpidos y de imberbes a la JP y a Montoneros, que abandonan la Plaza de Mayo.

Un posterior episodio de arritmia muestra a los médicos que el corazón del General está muy deteriorado. El 12 de junio, Perón habla por última vez en el balcón de la Casa de Gobierno. Entre el 24 y 25 de junio sufre su tercer infarto, gravísimo. Perón muere el 1 de julio. Isabel Perón asume de inmediato la presidencia de la Nación.


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