LA HISTORIA DE JIM JONES Y LA IGLESIA DEL TEMPLO DEL PUEBLO: ¿SUICIDIO COLECTIVO O ASESINATO EN MASA?

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La pregunta es si las 913 personas que aparecieron muertas en Jonestown, el campamento que habían levantado en Guyana, ingirieron cianuro por voluntad propia o si no tuvieron otra opción más que morir por las malas -y disparatadas- decisiones que había tomado su líder, el carismático Jim Jones. El triste final de los seguidores de la Iglesia del Templo del Pueblo fue una verdadera conmoción para la opinión pública de Estados Unidos y estableció un récord trágico de muertes simultáneas que permaneció vigente hasta 2001.

El desencadenante fue la visita del congresista estadounidense Leo Ryan junto a una comitiva conformada por periodistas (tres de ellos de la cadena NBC), un desertor de la congregación, el diplomático Richard Dwyer (de la embajada de Estados Unidos en Guyana) y once familiares de miembros del grupo de fieles de Jones que estaban preocupados por sus seres queridos.

La comitiva fue recibida el 17 de noviembre de 1978 con un show musical y una cena de gala. Todos aparentaban estar muy felices, viviendo en paz y armonía; lejos de los infiernos del capitalismo que provocaba miseria, desigualdad y racismo. Sin embargo, según el reportero del The Washington Post, Charles Krause, algo olía raro. “En la recepción todo estaba bien, pero cuando me alejé un poco se me acercaron dos o tres personas para preguntarme ‘qué quería’ de un modo intimidatorio y no me permitieron inspeccionar el lugar”, declaró en el episodio dedicado a Jonestown de The Final report, el programa documental del History Channel.

Durante la noche, varias personas se arrimaron al congresista para pedirle clemencia y que los regresara en su avioneta a Estados Unidos. En la mañana del 18 de noviembre, Ryan reunió a su comitiva y a 14 desertores, entre ellos Larry Layton. Alrededor de las 15, el grupo subió a la aeronave y en ese momento Layton sacó un arma y abrió fuego. El grupo de fieles que había escoltado a la comitiva se sumó al ataque en la pista de aterrizaje del aeropuerto Puerto Caituma: Ryan, tres periodistas y una desertora murieron; nueve más resultaron heridos. Al congresista lo acribillaron y le desfiguraron la cara.

James Warren Jones nació el 13 de mayo de 1931 en Lynn, Indiana, Estados Unidos en una época de una profunda segregación racial y fundamentalismo cristiano representado en lo más cruel de grupos como el Ku Klux Klan.

Su padre, James Thurmond Jones, era un inmigrante galés que padecía una afección pulmonar por los gases a los que había estado expuesto en las trincheras en la I Guerra Mundial; su madre fue Lynetta Jones, una trabajadora de origen escocés que inculcó en su hijo su amor por los animales, una preocupación por los desfavorecidos y una gran imaginación.

Jones recogía animales de la calle y desde muy pequeño, en el garaje de su casa, improvisaba sermones a los perros y a los niños del barrio. Desde muy pequeño asistió a la Iglesia Evangélica Pentecostal donde quedó enamorado de la música góspel y el ritmo de los negros, y la potencia en la voz de los pastores y predicadores. Allí, Jones desarrolló su sensibilidad por los marginados, los segregados y los pobres. La integración racial y el socialismo se convirtieron en sus luchas y a los 20 años se afilió al Partido Comunista, algo que resultó contradictorio para su prédica evangélica. Sin embargo, Jones se las ingenió para combinar su ideología con su fe.

En 1954, como pastor asociado de la iglesia evangélica entró en conflicto con sus superiores porque insistía en que los negros se sentaran en las primeras filas. Enseguida formó su propia iglesia, la Community Unity Church y en 1955 la Wings of Deliverance que luego cambió de nombre a The Peoples Temple Full Gospel Church, el Templo de la gente.

Jones predicaba la igualdad social y racial: sus sermones pasaban por textos de Karl Marx, Lenin y la Biblia. Fue colocado entre los puestos de honor del Indianapolis Recorder, un periódico de la comunidad afroamericana, y en 1961 fue nombrado director de la Comisión de Derechos Humanos de Indianápolis dedicado a integrar el departamento de policía, hospitales, bancos, agencias de préstamos y compañías telefónicas. Con el éxito en Indianápolis, Jones decidió expandirse y mudó la congregación a San Francisco, California. Según sus palabras, Estados Unidos corría peligro de ser atacado con una bomba nuclear, pero en la costa oeste estarían a salvo.

Para esta altura, Jones ya era una estrella: parecía un Elvis Presley evangélico con el mismo peinado y las infaltables gafas oscuras estilo Ray Ban. La guerra de Vietnam, el movimiento hippie y el poder de Malcom X le dieron impulso al predicador carismático del Templo del Pueblo; y también más seguidores. Jones contaba a sus fieles de a centenas y también tenía financiación. La Iglesia Cristiana reconoció a la congregación y a Jones como su legítimo predicador y líder.

Según su esposa Marceline, para cuando se casaron en 1949 Jones ya era un comunista comprometido. Se consideraba maoísta pero simpatizaba con Iósif Stalin y la Unión Soviética. Hablaba de su ideología como socialismo religioso o socialismo apostólico. Posteriormente, el socialismo llega a ser en su ideología “Dios Todopoderoso, el Socialismo”. En 1959 tuvo a su hijo Stephan Ghandi Jones, pero después adoptó otros niños de diversas etnias y ascendencias para poder referirse a ellos como su “familia arcoiris”.

Para 1974, Jones se puso paranoico. Y con razón, su “iglesia comunista” que aceptaba a todos y todas por igual sin importar el color de la piel despertó el interés de la CIA, la agencia de inteligencia de Estados Unidos. Entonces empezó a planear la mudanza: “El líder espiritual Jim Jones dijo que quería que encontráramos un lugar lejos de todas las drogas y alcohol en Estados Unidos”, recordó Laura Johnston Kohl, una de las sobrevivientes del culto, en declaraciones a la BBC de Londres, a 42 años de la masacre.

Jones encontró en Guyana el lugar ideal: un país relativamente pequeño, en la costa noroeste de América del Sur, ex colonia de Holanda y de Gran Bretaña que había conseguido su independencia en 1970; y muy cercano a Venezuela. La selva daba protección y las tierras fértiles una oportunidad.

El líder de la Iglesia del Templo de la Gente compró entonces un predio de 140 hectáreas para fundar un nuevo proyecto socialista y sin segregación racial. Convenció a sus feligreses con un discurso apocalíptico e indicó que Estados Unidos sería arrasado con un ataque nuclear. Ya nadie estaba a salvo, excepto esa pequeña porción de tierra que había adquirido en la costa norte de América del Sur. En 1977, Jones mudó su congregación y lo siguieron mil fieles.

Construyeron casas, empezaron a cultivar la tierra y a criar animales. Pero no todo salió como Jones esperaba. Las temperaturas eran altísimas, el calor sofocaba, y su población no podía ser autosuficiente: la cosecha no alcanzaba o no era buena. Las condiciones de vida empezaron a ser difíciles, los miembros de la congregación trabajaban de sol a sol a cambio de un plato de legumbres. Y por los altoparlantes, la palabra del líder: “Jonestown es un lugar dedicado a vivir por el socialismo, por la equidad económica y racial. Estamos viviendo de una forma común increíble”. Tras la masacre, se encontraron grabaciones con los sermones de Jones.

“Noches blancas”

Entre otros rituales que tenía la congregación, existía uno que era diferente a los demás en los que se realizaban simulacros de suicidios masivos para medir la lealtad de cada miembro. Se les daba un líquido y se le indicaba que era veneno: había que ingerirlo sin dudar y el que lo hacía, era obligado a beber a punta de pistola.

Los niños que se escapaban o que no querían cumplir con sus tareas eran castigados en “el pozo”, donde -según Jones- había un monstruo (se trataba de un hombre disfrazado que los asustaba); los adolescentes que se rebelaban, recibían descargas eléctricas en los genitales. Si un adulto no cumplía con las reglas o se quejaba por la comida, por el trabajo o por los “lujos” del líder, era encerrado en una caja de 2.5 metros por uno.

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