MARIO KEMPES, UN FENÓMENO SIN TIEMPO Y QUE HOY NO TENDRÍA PRECIO

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Sucede con Mario Kempes​ como ocurre con otros grandes. Subvalorados, no reconocidos y, en el peor de los casos, ignorados u olvidados. Recién en sus necrológicas, porque ya no quedará más tiempo, o en alguna efeméride, esos personajes toman fugazmente la dimensión que merecen con holgura. El de Kempes, quizá, más que ninguno en la historia del futbol argentino.​

Para poner en caja el asunto vale una definición: si hoy jugara, Kempes no tendría precio. ¿Inter cotiza a Lautaro Martínez en 111 millones de dólares y Barcelona está tentado de acercarse a cifra para llevárselo a su escudería malherida? Pues bien, son las leyes de mercado de este tiempo. Si Kempes jugara hoy, ¿cuanto valdría su ficha? Sin quitarle méritos a Lautaro, una realidad a quien le falta un largo recorrido, el bahiense todavía está lejos del jugador que fue el cordobés. Podrían sumarse otros nombres del estrellato europeo, sin dudas.

Acaso esa comparación, simple deducción de mesa de café pero no lejana de la realidad, alcance para poner a Mario en la vitrina que le corresponde.​ Kempes fue un goleador fenomenal, pero fue mucho más que eso. Un delantero sin espacio, un crack sin época, un monstruo adaptable a a cualquier sistema, compañeros y rivales. Una pieza única. Demoledor en sus arranques desde la zona media, imparable el carrera con pelota dominada, dueño de un remate formidable y de un cabezazo temible, también aprendió los secretos de los retrocesos y la recuperación.

Un imprescindible.

Tal vez la falta de habilidad con la pierna derecha, zurdo hasta la médula, fue su defecto mayor. En otro estilo, con otra contextura física, igual que Maradona o Messi. ​

Por aquello de la relación valor-precio, suenan irrisorios los 500.000 dólares que Valencia le pagó a Central por Mario, en 1976. Claro, pasaron 44 años. El mundo y el mercados son diferentes. Pero la pelota sigue siendo la misma.​ En los 246 partidos de sus dos etapas en Valencia (76-81 y 82-84), Kempes hizo 173 goles sumando todas las competencias.

Se fue de la Argentina luego de 11 goles en 13 partidos en Instituto (solo en Primera, sin contar la Liga cordobesa) y de los 99 en 107 partidos en Rosario Central (74-76). Convirtió 15 en 29 juegos en el año en el que River lo repatrió (81-82) para contrarrestar el “efecto Maradona” que produjo la llegada de Diego a Boca.

Y luego habría que sumar su peregrinaje, ya en su otoño, por Hércules, First Viena, Kremser y el insólito final en el Fernández Vial chileno y el Pelita Jaya indonés. Total, más de medio gol cada 90 minutos: 0,66 en 606 partidos con 337 tantos.

La Selección es territorio aparte.​ Con el número 13 en la espalda se perdió un gol increíble apenas empezado el partido del debut con Polonia en el Mundial 74, que fue derrota 3-2. Habría revancha. Vaya si la tendría. ¿Hace falta hablar del Mundial 78? La despedida fue en España 82, junto a Diego, Ramón Díaz y Barbas en el recambio generacional a medias que produjo César Menotti, uno de sus valedores como en sus inicios lo fueron Miguel Ignomiriello y Enrique Sívori en la Selección o Carlos Griguol en aquel Central de la sociedad con Aldo Pedro Poy. ​

El tiempo pasa. Ya lo dice la canción, nos vamos poniendo viejos. Toda una ironía, parece que “lo que vino después” es lo que empaña lo que fueron. Hoy, Kempes es un analista de ESPN y las nuevas generaciones solo ven al panelista en la pantalla o el comentarista ingenioso de los videojuegos, la mayoría desconoce aquel pasado de futbolista impresionante y quienes somos sus contemporáneos no ponemos demasiado entusiasmo en poner en valor lo esencial, al Kempes futbolista.​

Con Mario caben las generales de la ley. Daniel Passarella quedó en la memoria popular como el presidente que llevó a River al descenso. Pero fue técnico campeón. Y uno de los mejores jugadores argentinos de la historia. Carlos Bianchi es el señor éxito como entrenador pero está en el top ten de los goleadores argentinos. Hizo 206 tantos en un Vélez que no era el Vélez que él construyó desde el banco. Y como con ellos, hay otros ejemplos. Bertoni, Brindisi, el recordado Perfumo, tampoco han tenido el reconocimiento justo de lo que fueron como futbolistas.

El caso de Kempes, quizá, sea la mayor injusticia.​

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