NACIÓ CON LOS ÓRGANOS FUERA DE SU CUERPO Y HOY ES UN EJEMPLO DE LUCHA Y SUPERACIÓN

Los médicos dudaban de que Laurel Phizacklea sobreviviera al parto. De hecho, a sus padres les habían ofrecido interrumpir el embarazo tras un escaneo a las 12 semanas de gestación.

El diagnóstico era tan claro como doloroso: su hija iba a nacer con un exófalo importante, una condición que ocurre cuando la pared abdominal del bebé no se termina de formar.

Sin embargo, Kelly (30) y Sean (34) decidieron darle una gran oportunidad. Y la niña desafió los malos augurios y nació en el Hospital Addenbrookes, Cambridge, Inglaterra, el 6 de junio de 2018.

La pequeña Laurel nació con el estómago, el hígado y los intestinos en un bulto fuera de su barriga. A la mayoría de los bebés con la afección le reinsertan los órganos en su cuerpo al nacer, pero por el tamaño inusualmente grande no se pudo.

Los padres tenían que envolver con vendas para sostener sus órganos externos, en caso de que el peso de ellos fuera a sacar algo más de su cuerpo, refleja Daily Mail.

La piel se formó alrededor de los órganos y Laurel puede comer, beber e ir al baño como cualquier chica. De todos modos, sus papás deben estar siempre alertas ya que cualquier lesión en el exófalo sería irreparable.

Cuentan que el bulto no le molesta a la pequeña, y que a menudo ella juega y se acaricia diciendo “Ay, barriguita”. Y revelan que Laurel deberá esperar a cumplir los tres años para que le vuelvan a insertar los órganos en el cuerpo.

“No sé cómo nos mantuvimos positivos durante mi embarazo con Laurel”, recordó Kelly, una voluntaria que apoya a los padres en la atención neonatal. Y agrega: “Nunca perdimos la esperanza y ella nos hizo sentir muy orgullosos”.
De la alegría a la preocupación

Kelly y Sean, un desarmador de automóviles, estaban encantados cuando descubrieron que estaban esperando a su primer hijo en octubre de 2017.

La pareja asistió entusiasmada al escaneo de 12 semanas en el que verían a su bebé por primera vez. Pero algo andaba mal y los sorprendió.

“Dijeron que los órganos de nuestro bebé estaban en el exterior del cuerpo. No podía creer que eso fuera posible”, hace memoria la mamá Kelly. Los médicos le explicaron a la pareja que el feto de la pareja tenía exófalos.

Al principio de todos los embarazos, el intestino se desarrolla dentro del cordón umbilical y luego generalmente se mueve dentro del abdomen unas semanas más tarde.

En el exófalo, los intestinos, y en este caso el estómago, el hígado y el intestino, permanecen dentro del cordón umbilical pero fuera del abdomen.

Ese diagnóstico sumado a una deformidad en la columna, llevaron a los médicos a sugerir una interrupción. Pero la pareja se negó. No querían “probar otra vez”, quería a su bebé.
Proceso

Después de una consulta en el Hospital Addenbrookes, Cambridge, la pareja se fue a casa, se encerró y simplemente “lloró y lloró”.

Kelly tuvo que asistir a un escaneo cada dos semanas para monitorear el progreso de su embarazo, dado que la presencia de exófalos indica un 80% de posibilidades de otras anomalías congénitas, explican y difunde el diario británico.

Así se sucedieron ecografías para revisar el tamaño del exófalo, ecocardiogramas para evaluar el corazón, una resonancia magnética por la columna y hasta una biopsia de la placenta para buscar defectos cromosómicos.

Allí aparecieron, por ejemplo, un agujero en el corazón y escoliosis congénita, una deformidad de la columna.

Para colmo, tres semanas antes del nacimiento de Laurel el exófalo había duplicado su tamaño. Fue el detonante para que los médicos apartaran a Kelly y Sean para plantearle que su hija difícilmente sobreviviría al nacimiento.

“Escuchar eso fue devastador, pero nos dijeron que harían todo lo posible para salvarla, a pesar de las escasas probabilidades”, cuenta Kelly, y reconoce que estaba aterrorizada.
Llegó el día

El 6 de junio de 2018, los cirujanos realizaron una cesárea clásica que les dio más espacio para sacar a la bebé. había que tener muchísimo cuidado de no romper sus órganos externos.

Al tiempo los doctores reconocieron que no esperaran escuchar el llanto de su bebé, así que cuando hubo alegría y alivio. “Cuando la escuchamos gritar, no podía creerlo. Rompimos en llanto”, reveló Kelly.

Laurel nació con un peso saludable de 3,4 kilogramos, y la pusieron directamente en un ventilador antes de ser transferida a la UCIN.

Después de siete horas, Kelly y Sean finalmente pudieron conocer a su hija por primera vez. “Su barriga estaba envuelta en vendajes. Sabíamos que debíamos ser pacientes”, agrega la mamá.
Superación y lucha

Debió pasar un eterno mes para que Kelly pudiera abrazar a su hija, ya que tuvo que permanecer boca arriba con el exófalo suspendido para evitar complicaciones.

Que Laurel respirara por sí misma fue una preocupación para el cuerpo médico, ya que en estos casos los pulmones no se termina de formar correctamente.

Pero contra todos los pronósticos, después de apenas tres meses y medio de internación en el Addenbrookes Hospital, Cambridge, Laurel pudo regresar a casa.

“Sabíamos que necesitaría la gran operación más adelante, pero tener su casa era tan especial”, cuenta el papa. Y explica: “Rápidamente nos dimos cuenta de que iba a ser traviesa y movediza, así que supimos que tendríamos que vigilarla para que no se dañara”.
Esperan los tres años

La familia Phizacklea espera pacientemente hasta que Laurel cumpla tres años y puedan internalizar sus órganos. Antes no puede hacerse, porque el diafragma no podría hacer frente a la repentina falta de espacio para operar.

Una vez que pase por el quirófano a principio de 2021, la pequeña tendrá que “aprender a respirar de nuevo”.

Aunque tratan de asegurarse de que sea cuidadosa, es muy difícil cuando se trata de una niña de dos años. Cuentan que siempre intenta saltar del sofá y que le encanta chapotear en los charcos de barro.

Aunque será un alivio cuando los padres no tengan que preocuparse por cada movimiento de su hija, sí les preocupa que esto cause ansiedad o una extraña sensación por separación en el bebé.

La operación de Laurel se llevará a cabo en el King’s College Hospital de Londres, y afirman que estará en las “mejores manos posibles”.

“Es un pensamiento aterrador y definitivamente existe la preocupación. Pero Laurel ya pasó por muchas cosas, y estoy seguro de que seguirá tomándose todo con calma”, dice su mamá, sobre la niña que se convirtió en un ejemplo de lucha y superación.


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