SHAMING, ACOSO Y OTRAS “CIBERVIOLENCIAS” QUE CRECEN

“Che, paren un poco”. Ese fue el sentir colectivo que la periodista Valeria Schapira percibió cuando, ya harta de recibir mensajes directos de partes íntimas de hombres que no conoce, decidió publicarlo en sus redes. Fue ahí cuando se percató de que es precisamente lo que muchísimas mujeres viven cuando intentan entablar conversaciones o postear fotos en redes, y a lo que en conjunto respondieron diciendo “BASTA”.

El hecho de que las mujeres vivan cotidianamente la violenta situación de encontrarse con una imagen que no querían ver no es nueva. De hecho, es otra de las dimensiones de las violencias cotidianas que ocurren en la calle, como cuando les dicen cosas desagradables porque les gusta la pollera que usa, solo por poner un ejemplo.

Para contextualizar, es importante señalar que la violencia de género registró un aumento en cuarentena​: las llamadas a la línea 144 se incrementaron en un 40%, y se informaron más de 102 femicidios desde el 20 de marzo al 6 de agosto, según el Observatorio de Femicidios Adriana Marisel Zambrano, de la ONG La Casa del Encuentro.

La violencia cibernética, o ciberviolencia, es una de sus dimensiones, pero presenta características propias. Puede adquirir la forma de acoso, de amenazas o de efectiva distribución de contenido íntimo, de shaming (avergonzar a la víctima), o de hostigamiento. Ocurre, por ejemplo, cuando una mujer abre un mensaje directo y se sorprende con el contenido, absolutamente inesperado y no consensuado, o cuando se ve envuelta en una situación que no desea ni buscó, en el medio de una charla trivial que se transforma unilateralmente en sexual.

Además, genera efectos como culpa, angustia, ansiedad, miedo y una autolimitación en el libre uso que esa persona hace de las redes y ámbitos para conocer personas. En definitiva, se convierte en un obstáculo para que las mujeres puedan acceder de forma libre y segura a la comunicación, un derecho fundamental.

Hostigamiento digital

“En la vieja normalidad ya era una de las vías más utilizadas para ejercer este tipo de acciones y en este contexto, donde la conexión abarca a casi toda la sociedad, se potencia el medio y se convierte en el único posible, viable y disponible en manos de los que ejercen ese tipo de violencia”, sostiene Daniel Monastersky, abogado especialista en delitos informáticos y protección de datos.

“Siempre recibo selfi penes por mensajes directo en Instagram de hombres que no conozco, pero esto se incrementó en la cuarentena, cuando empecé a subir fotos mías de producciones eróticas antiguas, y parece ser que esto habilitó a que me manden fotos de sus partes, como si fuera algún tipo de invitación abierta a hacerlo. Y para mí es un tipo de violencia, yo no pedí ver tu pito, no me lo mandes de prepo”, se queja Valeria.

Y agrega: “Luego recibí cosas más desagradables y asquerosas, tuve que dar intervención a una abogada, había algo de ‘yo te conozco y quiero tener sexo​ con vos’, como si yo estuviera teniendo una relación con esa persona. Cuando comenté estas cosas en redes hubo una gran cantidad de mujeres diciendo ‘alguien tenía que decirlo’, a muchas les pasa”, cuenta.

Algo muy parecido le ocurrió a Luz, docente de 50 años: “Me gusta hacer amigos y soy abierta a conocer gente. Pero estoy hablando con una persona de cómo es mi trabajo, con chicos, y de repente te salen con que les mandes una foto sexy, o te mandan una foto desnudos o quieren tener sexo virtual cuando la conversación no venía para nada por ese lado. Uno me pidió perdón cuando le expliqué, pero otro me empezó a insultar. Con la cuarentena empecé a tener muchas más solicitudes de este tipo”, cuenta. Y se lamenta: “Dejé de aceptar a desconocidos, lo cual tampoco está bueno”.

En este sentido, Paula Rey, responsable de Comunicación del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), reflexiona: “Lo que está en juego en este ejemplo concreto es el consentimiento. Las personas tienen derecho a vivir una sexualidad libre y el sexting [intercambio consentido entre personas de imágenes, audios, grabaciones, con connotación erótica o sexual], es una práctica válida, pero si hay consentimiento de las partes que interfieren. Si no, es otra cosa”, afirma.

La violencia cibernética, o ciberviolencia, es una de sus dimensiones, pero presenta características propias. Puede adquirir la forma de acoso, de amenazas o de efectiva distribución de contenido íntimo, de shaming, o de hostigamiento. Foto: Shutterstock.
Una situación que empeora con el encierro

Respecto al incremento en la cuarentena, el abogado explica que si bien “no hay números específicos de denuncias sobre violencia de género digital durante la pandemia​, sí hay datos oficiales del Ministerio Público Fiscal de CABA que advierten que las denuncias por delitos y contravenciones informáticas crecieron un 500% desde el inicio de la cuarentena. El hostigamiento digital, la difusión de contenido íntimo sin consentimiento y las coacciones y amenazas hacia mujeres son algunas de las modalidades delictivas que se contemplan en esos números”, especifica Monastersky.

Rey coincide en que la violencia virtual es solo una faceta en donde se reproducen violencias hacia la mujer en su sentido más amplio: “La violencia contra las mujeres es un problema que encontró en internet un nuevo ámbito donde desarrollarse y que puede tomar algunas formas específicas en dicho contexto. En el marco de la cuarentena, cuando para algunos sectores sociales se ‘virtualizaron’ casi todas las actividades y aumenta el tiempo que pasamos en la web, podría dar lugar a que más personas puedan ser víctimas de estas violencias”, apunta.

¿Cómo “evitar” la violencia cibernética? “Con educación sexual integral en todas las escuelas, en todos los niveles. Y con campañas de concientización e información”, propone Rey. Yendo al plano individual, Monastersky sugiere: “En relación al sexting, resulta razonable que en los casos en los que se practique, la persona guarde cierta expectativa de privacidad respecto de su compañera de relación, sea ocasional o no. Claro que el consentimiento es ‘no extensivo’. Esas imágenes no deben ser difundidas más allá de ese ámbito de intimidad”, explica.

¿Dónde denunciar la ciberviolencia?

En el número 114, para situaciones de violencia de género. “Las personas en situación de violencia también pueden comunicarse vía WhatsApp en los números 11-2771-6463, 11-2775-9047 y 11-2775-9048 y por mail en linea144@mingeneros.gob.ar. A su vez, el gobierno ha instado a cualquiera que sepa de una situación de violencia de género a que brinde su apoyo y llame a la Línea 114”, dice el abogado.
Construcción de una internet feminista

Para quienes quieran incursionar en el universo de la igualdad de género virtual, Rey recomienda las organizaciones:

FemHack https://activismofeministadigital.org/
Gender IT https://www.genderit.org/es
Asociación para el Progreso de las comunicaciones https://www.apc.org/es/tags/internet-feminista


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