TRAS LA FURIA VECINAL, QUEDÓ EL MIEDO EN EL BARRIO DONDE UN PANADERO MATÓ A UN LADRÓN

Gerardo y su familia no duermen desde el sábado, ni en su casa ni en ninguna otra. El miedo, los nervios y las hipótesis de lo que podría haber sido no los deja descansar. Igual abrieron la panadería “La Central”, que es una entrada y salida permanente de vecinos preguntando cómo están, llevándoles apoyo y diciendo “que así no se puede más”.

Los Caivano se fueron de su casa porque tienen miedo. Ellos, pero también sus vecinos y los otros comerciantes de la cuadra que este sábado fueron testigos de la violencia.

“No se puede explicar nada, ni emoción, nada, no me acuerdo. A mis hijos no los quiero sacar ni a la vereda. Estoy arrepentido de lo que hice, no soy un asesino, yo soy un laburante, no salí a matar, salí a guardar la camioneta. Yo agarré el arma y después la tiré, era mi vida o la de él, yo no soy Dios para decidir”, dijo Gerardo (36) a los canales de televisión en la puerta de su negocio, al lado de Vanesa, su mujer.

El matrimonio tiene tres hijos y el domingo, cuando se viralizaron los videos de la furia, recibieron amenazas que empezaron a circular en redes sociales. El vecino de al lado, sobre la calle Ventura Yanzi al 2200, custodió en vela, toda la noche, arriba del techo, para cuidarlos aunque no estuvieran.

“Estaba hablando conmigo, me vino a saludar porque abrió a la tarde y se puso a lavar la camioneta. Al rato empezamos a escuchar los disparos, yo estaba guardando mercadería y no quise salir. Pero ahora los que estuvieron tienen miedo. No quieren ni aparecer por acá”, cuenta Luciano, un vecino de la cuadra.

Fue alrededor de las 18 que Gerardo terminaba de lavar la camioneta Volkswagen Amarok en la puerta de su panadería. Sentado en el asiento del acompañante estaba su hijo de 14 años, con el cinturón de seguridad puesto. Parada muy cerca estaba su hija, de 18, que salió a mostrarle unas zapatillas. “Fueron segundos”, recuerdan. “No los vi venir, no sé ni por dónde aparecieron”, describe Gerardo sobre los ladrones.

Eran cuatro -dicen- y les apuntaron a todos. “Yo salí con las manos en alto, lo único que pedí fue que baje mi hijo y no sé cómo forcejeé, no sé de dónde saqué coraje. Tengo miedo, estoy laburando encerrado, anoche no pude dormir, tengo que estar sentado en una silla durmiendo en la panadería, mi hijo está mal, mi hija mayor me ve y llora, lloramos todos, es una situación de mierda”, aseguró, frenético.

“No tuve intención de matarlo, ni de tirar, es una situación difícil de explicar. El arma que estaba arriba de la camioneta no era mía, yo no tengo armas, no manejo armas, es de los chorros, no mía”, justifica.

Es que la Policía habla de un revolver calibre 32, que habría sido el que portaba el adolescente detenido y que fue el que Gerardo logró arrebatar para matar a uno de los ladrones, identificado como Nahuel, de 16 años.

Al lado del cuerpo apareció una réplica, con la que -dicen- había amenazado a Gerardo. Pero en la escena aparecieron casquillos de una 9 milímetros y no está claro de dónde salieron.

Casi nada de la secuencia de tiro está clara y, por el momento, la única versión que circula es la del panadero y la de algunos vecinos que dicen que “los dos que se fueron corriendo iban tirando para cualquier lado”. Ni fuentes judiciales ni policiales dieron detalles de las pericias y lo único confirmado es que la camioneta tenía siete impactos de bala y que otros dos quedaron incrustados en un local vecino.

La violencia no se detuvo ahí: “Ahora es así, ojo por por y diente por diente. Pero ya pasó la bronca y quedó el miedo”, dijo un vecino que vio la secuencia. Es que apenas sonaron los tiros, desde los negocios empezaron a salir otros vecinos, empleados y otros comerciantes que vieron a Gerardo desesperado.

Fue ahí que atraparon a un segundo adolescente, que este lunes por la tarde estaba declarando por videollamada desde un instituto de menores. Mientras tanto, hacían la autopsia del cuerpo de Nahuel.

La investigación quedó en manos del fiscal Emilio Spatafora, del Fuero Penal de Responsabilidad Juvenil de La Matanza, que ahora tiene el foco puesto en determinar si la versión que brindó el panadero se “condice con la prueba colectada”. Para esto será clave la pericia balística y la recolección de rastros en la escena del crimen.

“Por los hechos ocurridos de público conocimiento y la renuncia del personal, nos vemos obligados a cerrar”, pegó en un cartel el frigorífico Dymat. Es que cuando atraparon a uno de los ladrones que atacaron a Gerardo, lo golpearon entre todos. Quedaron filmados pateándolo en el suelo, agarrándolo de los pelos, pegándole trompadas. No lo lincharon porque llegó el patrullero que se lo llevó detenido.

Esas imágenes les valieron -también- algunas amenazas al resto de los que participaron de la golpiza. Dos de los tiros que todavía no se sabe de dónde salieron impactaron en la vidriera del frigorífico, quedaron incrustados en la cámara frigorífica, mientras el local estaba lleno clientes y de personal.

Un panadero le sacó el arma a un ladrón de 16 años y lo mató a balazos.

“Tienen miedo de volver porque se los ve en los videos, ellos estuvieron y además fue peligroso hasta para los que se quedaron adentro: estaba llena la carnicería. Podrían haber matado a cualquiera porque volaban tiros para todos lados”, comenta Javier, otro vecino.

“Me empezaron a mandar mensajes los vecinos contándome que en Facebook posteaban que me iban a venir a ‘reventar’ la casa. Yo no los vi, los borraron, pero me decían que me vaya porque me iban a prender fuego la panadería. Yo tengo que abrir, tengo que trabajar porque nosotros vivimos de esto”, le llega a decir Vanesa a Clarín antes de salir “corriendo” a la comisaría.

Fuentes de la investigación confirmaron que del hecho habrían participado cinco personas. Cuatro habrían abordado a Gerardo y a sus hijos. Otro esperó en un auto a cien metros del local y ayudó a escapar a dos de los prófugos.

Soledad, la hermana de Vanesa, se cruza de brazos y suelta: “A las 19 vamos a marchar porque esto no puede seguir así. Mirá la vidriera, el viernes hubo otra protesta para pedir justicia por otro vecino al que asesinaron en un robo acá a unas cuadras. Y al otro día nos estaba pasando a nosotros. ¿Hasta cuándo?”.

FUENTE: CLARIN

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